miércoles, 28 de agosto de 2013

MÁS PISCO, MÁS TACTO


La noche candente, la neblina embustera que tapa la ciudad. Estaba sentado en una banqueta de la Plaza de Armas, un lugar antiquísimo lleno de inolvidables recuerdos. Todo empezó en ese minucioso momento, llegaste con tu blusa escotada de color blanco que irradiaba paz, con tu minifalda café mostrando esas delicadas piernas, lucías una cabellera larga ondulada como si fuera una nube andante y cargabas con tu brazo izquierdo tu saco y en el otro, tu puticartera.

Me saludaste con esa elegancia, típico en tu divino ser y con sagacidad, me tomaste de la mano y nos fuimos a caminar por todo centro de Lima, me hablabas de todo, tonterías interesantes, política estupefacta en otros temas de interés mutilante; decidimos ingresar a un bar donde habitaban los monstruos de la noche, todos alcohólicos, hablando incoherencias, vino el mozo y nos pedimos un whisky (e impactaste al pedir mi delicia), tú tan gustosa me serviste un vaso y te sentaste a mi costado.

Yo estaba cojudo con tanta hermosura ante mis ojos hasta puedo decir que estuve encaprichado por tus labios carnosos (tenía ganas de besarte, de desnudarte) pero tuve que aguantar ese deseo, no quería ser un tipo mañoso, violador o un Don Juan. Seguíamos con la diversión de la charla más amena de mi vida, hasta que los dos caímos en los brazos de morfeo ebrio, pedíamos botella tras botella. Me había asqueado del Whisky hasta que tú conseguiste un pisco acholado - mierda, deseas emborracharme - acepté pero no querías deleitarlo con toda la gente entrometida en el bar sino querías que nos fuéramos  a un lugar más cómodo... rumbo a un hostal de mala muerte.

Entramos al cuarto pero antes de engatusarnos quise comprar más Pisco a la vieja de la esquina. Compré 2 botellas más para que no dure toda la noche. Luego, al regresar a nuestro aposento, te encontré desnuda en la cama incitándome a que te besara con salvajismo, mis manos acariciaban tu piel y sentías mis besuqueos por tu cuello, senos hasta tu labios vaginales, te excitabas como perra en cela y gemías como yegua, te volvía loca de tanto placer.

"Más Pisco, más tacto", me gritabas y hubo un momento donde te bañé con el trago pero me enfoqué que cayera más en tu vagina, pues había encontrado tu punto débil para que obtengas el orgasmo alocado que deseabas. Logré ingresar a punto G y al ver que estabas candente, aproveché en eyacularte.

Qué noche !, nos dejamos llevar por el exceso de nuestras hormonas sexuales, parecíamos canibales con ganas de saciar nuestro delirio esquizofrenico... contigo, tuve el sexo deseado.

Al día siguiente, cuando desperté - mujer habías fugado- tomé mis cosas y salí. Pasó el tiempo volando hasta llegar la anochecer, te llamaba y no contestabas - estaba desesperado - te buscaba por todos lados, no sabría decirte si estaba enamorado o solo estaba extasiado de tanto placer, lo único que sé es que solo quería tener, otra vez.

Llegué a la casa de Don Pedro, el viejo con el que te acostabas cuando se te daba la gana, me dijo que no te había visto, luego me encontré con el negro Estacio, con el que le practicabas sexo oral todas las tarde, tampoco te había visto, finalmente, me encontré con el chibolo Gilberto, el que manoseaba para satisfacerle tus fantasías prematuras y me confesó que tú estabas por la alameda Chabuca Granda.

De inmediato, fui a tu encuentro y tras preguntar a toda la zarpa de choros, pude adivinar tu paradero - quinta El Milagro - ingresé y me encontré con un gitano desnutrido, me llevó hacia un cuarto oscuro y... te encontré.

Estabas desnuda y teniendo sexo con otra mujer- "MIERDA" - grité enfurecido. Me miraste y yo salí corriendo, al salir de la quinta quise tomar un taxi pero me detuviste. Suplicaste perdón como si fueras una niña buena, yo te desconocía y tú me desconocías hasta que terminamos golpeándonos.

Un anciano al ver la pelea, te separó de mis garras enfurecidas y tu mujer tan humillada, repetiste "más Pisco, más tacto " y no comprendí porque manifestaste ese verso. Luego, me abrazaste y me llevaste a tu humilde habitación, me obsequiaste un poco de Pisco en un vaso todo mosqueado, la chica que estaba contigo se había largado - si la hubiera visto, la hubiera masacrado - tenía todos los demonios conmigo, estaba muy alterado hasta que tú empezaste a seducirme como cada noche que hacemos el amor.

Al caer en los téntaculos del deseo sexual, de tanto tomar había llegado al punto de perder la razón, entre el sexo y el dolor al final de lo presenciado en la escena más intensa, caí dormido en tu pecho. Eran 4:30 am, estaba con la resaca, mi cabeza explotaba  y te vi con los ojos abiertos, no respirabas.

Empecé a llorar como nunca había llorado en esta vida de ermitaño, pensaba que estaba soñando - habías muerto - te he matado. Sigilosamente, mandé a un chico a que me consiguiera un machete o hacha, le di su buena propina y al obtener lo que quería empecé a descuartizar tu cuerpo parte por parte. Me dirigí hacia el río Rimac y  arrojé la bolsa sin piedad.


Cuando regresé a casa, recosté mi cuerpo en mi pulgosa cama... "Andrian", escuché alguien susurrar, me desperté y fui a indagar hasta que te encontré sentada en mi sillón. Quedé desconcertado, pensaba que estabas muerta y ella respondió "Tú también estas muerto". No lo pude creer. Corrí hacia mi cuarto y observé mi cuerpo tendido, al rededor habían almas malignas que se reían de mí hasta que alguien me impulso hacia un lugar a oscuras y desaparecí.

Soy Jonas Lazinger, investigador de este caso. Pude narrar la historia según las pesquizas obtenidas, encontré el cuerpo de Adrían pero cuando quise descrubrir los retos descuartizados de Luciana, no estaban, se habían ausentado de la faz de la tierra, aún intento descifrar porque la chica mencionaba aquella perturbadora frase "más Pisco, más tacto", al parecer era su curiosa forma de seducción. Desde su muerte, se murmura que vaga por las calles de centro de Lima coqueteando a los hombres ebrios, busca a su amado y al realizar esa búsqueda, mata a todo hombre que cruza por su costado.

                                                                                                               ÁNGEL CAÍDO
                                                                               

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